Una misión que encendió corazones en Carhué

Del 31 de octubre al 2 de noviembre, más de doscientos misioneros de toda la Arquidiócesis de Bahía Blanca se dieron cita en Carhué para vivir la Segunda Misión Arquidiocesana, bajo el lema “Testigos del amor, aquí, allá y más allá de las fronteras”.

Durante esos días se respiró espíritu misionero en cada rincón. Niños, jóvenes y adultos compartieron momentos de oración, adoración, misión en los barrios, visita a los hogares de los abuelos, juegos con los más pequeños y hasta la pintada de murales en la plaza. Todo fue vivido con una alegría profunda, esa que nace del encuentro con Jesús y con los hermanos.

Cada jornada estuvo acompañada por el Padre Fabián Tula, párroco de Carhué y Director de la Pastoral Misionera, junto a sacerdotes vecinos, seminaristas y el equipo arquidiocesano. También se sumó nuestro arzobispo, fray Carlos Azpiroz Costa, O.P., que compartió varios momentos de oración y celebración. Un detalle muy especial fue la presencia de las reliquias de Santa Mama Antula, patrona de las misiones en Argentina, que acompañaron la adoración eucarística y los encuentros con los fieles.

Uno de los momentos más significativos fue el encuentro con los abuelos. Allí se dio un verdadero cruce de miradas: los misionados y los misioneros se encontraron desde una entrega mutua, sencilla y profunda. La forma respetuosa y amorosa de hacer la señal de la cruz, la escucha atenta y sincera de lo que querían compartir, la oración espontánea y sentida que brotaba en cada grupo… todo fue dejando huellas.
Se vivió una alegría contagiosa —hacia afuera y dentro del grupo—, el descubrimiento de un Jesús presente en cada mirada y en cada historia. Todo parecía fluir con una armonía sorprendente: las tareas se repartían solas, cada uno llegaba justo donde tenía que estar, diciendo lo que era necesario decir… y escuchar. Y siempre con ese recordatorio que se volvió lema de grupo: “De dos en dos, por lo menos. Entremos.”

El sábado 1°, en la Solemnidad de Todos los Santos, se realizó el alegre “Santo Barullo”, una procesión que recorrió las calles desde el Colegio San José hasta la Parroquia Nuestra Señora de los Desamparados. Niños disfrazados de santos encabezaron el camino entre cantos, aplausos y mucha emoción. Al llegar, los esperaba la comunidad para celebrar la misa presidida por el arzobispo, en la que se bendijo la nueva Capilla de Adoración.

La misión concluyó con un compartir de experiencias y propuestas, como el Proyecto Amazonia y la preparación del Encuentro Nacional de Grupos Misioneros 2026, finalizando con una misa concelebrada y un corazón lleno de gratitud.

Fueron días intensos y llenos de gracia, en los que todos pudimos experimentar que el amor de Jesús sigue cruzando fronteras, cuando nos animamos a salir, escuchar y dejarnos transformar por el otro.