Entre los días 14 y 28 de febrero, se realizó la misión de verano los seminaristas de nuestra arquidiócesis. En esta oportunidad, abrió sus puertas la comunidad de Pigüé, que los recibieron con mucho entusiasmo y alegría.

Bajo el lema “No he venido por mi propia cuenta, sino que Dios me envió” (Jn 17), el grupo de seminaristas, acompañados por varios laicos de la comunidad, visitaron casas, hogares de ancianos y hospitales. También se compartieron momentos de oración y reflexión con la Palabra de Dios, misas y procesiones.

Fueron dos semanas de encuentro con Dios y de vivir la fe en lo cotidiano. Algunos feligreses que participaron de la misión junto con los seminaristas nos enviaron su testimonio para compartir lo que vivieron en aquellos días.

252376_4517793394239_338720217_nMi nombre es Jorge Almandoz, y junto con mi esposa Carolina, pertenecemos al Movimiento de Cursillos de Pigüé.

En los últimos meses de 2014, empezó a cobrar fuerza la noticia de que en este año nos visitarían los Seminaristas de la Diócesis de Bahía Blanca, quienes misionarían en Pigue. Mas tarde el Párroco RP Hugo Díaz Súnico y el Vicario RP Juan Manuel Díaz Bualó (Juanito) convocaron a reunión para organizar la logística de la misma. Para ello fuimos invitados todos los Movimientos y grupos de la Parroquia como así también aquellas personas que sin pertenecer a los mencionados quisieran hacer su aporte. Fueron muy lindas y participativas reuniones, donde se determinó desde el lema hasta la cocina, desde la higiene, hasta la difusión.

En mi caso si bien tenía claro que iba a colaborar en lo que fuera necesario, también es cierto que no me involucré demasiado, ofrecí mi voluntad (junto a otros cursillistas) para cocinar, y alguna otra cosa menor sabiendo que como éramos varias personas, podríamos ir rotando en las funciones de modo tal que nadie se cansara demasiado.

En las primeras reuniones parecía que “La Mision” era un tema muuuuuy lejano, (para el año que viene) pero el tiempo fue pasando y cuando quisimos darnos cuenta el día había llegado… El domingo 15 de Febrero se realizó la Misa de envío.  Obviamente estábamos allí, fue lindo ver entrar a los seminaristas, mientras que otro grupo animaba con la música.  Terminada la Misa nos trasladamos al Centro Pastoral y allí tuvimos la primera cena. Todas caras desconocidas, pero con algunos ya empezamos a intercambiar algún diálogo.

Así comenzamos a transitar juntos 14 días que fueron INCREIBLES !!!,  la simple colaboración ofrecida se fue convirtiendo en compromiso, y el compromiso en alegría, a tal punto que esperaba impacientemente la hora de ir al Centro Pastoral cada día a cocinar, y luego de finalizado cada almuerzo o cada cena, con unas inmensas ganas de prolongar cada momento como para que cada día no terminara.

Nos fuimos descubriendo, fuimos identificando a cada uno, aprendimos sus nombres y sus apodos, dejaron de ser el seminarista, flaquito, rubio, morocho, de barba, etc. Para convertirse, en: Pablo, Nacho, Martín, Kevin, Matías, Mauro, Sergio, Fabian, Braian, Java, Lucas, Zaca, Iñaqui, Mariano, Nico y Fabio.

En cada día se hizo imprescindible preguntarles, como les fue? Necesitan algo? … (esperando que dijeran que sí y de ese modo poder interactuar con ellos un rato mas), Hubo tiempos de preguntas y sus respuestas, hubo tiempo de música, tocamos y cantamos juntos aunque de nuestro lado no sea la mejor virtud, bromeamos, en fin todo lo que los amigos hacen. Y es así,  pasados estos días los consideramos nuestros amigos.

En mi caso al menos tres cosas fueron motivo de sorpresa…

  • Vaya a saber por qué prejuicio tonto creía que los seminaristas eran chicos serios, metidos en si mismos, silenciosos… y me encontré con un grupo de 16 jóvenes alegres, solidarios, graciosos, que viven su juventud como cualquier otro de su edad, solo que haciendo el camino de la consagración a la fe.
  • Que nos dejaron a quienes nos autodenominamos “Laicos comprometidos” un terreno muy fértil para pastorear de aquí en mas.
  • Y que como comunidad Parroquial viéramos que es posible salir de la “burbuja” en la que se convierten nuestros grupos o Movimientos, para compartir con hermanos que desde distintos lugares trabajamos por un mismo fin como es anunciar la noticia de que Dios está con nosotros y nos ama profundamente.

 

En lo comunitario si bien el balance estimo ha sido altamente positivo, no me corresponde a mí expresarlo, siendo objetivo veo que la comunidad estuvo movilizada, cada uno aportó desde su lugar, hubo gente cada día que se encargó de lavar la ropa, proveer alimentos, trasladar y acompañar a los seminaristas, cocinar, servir, limpiar, llevar a los lugares de desayunos y meriendas, masitas, tortas, facturas, etc.

En lo personal no solo me sentí absolutamente a gusto, sino que siento que Dios me devolvió el ciento por uno, aportamos el trabajo que pudimos con Caro y varias personas más, pero nos llevamos 16 nuevos amigos con los que nuestra hija Maite y varios adolescentes mas misionaron… Nos dejaron puertas abiertas para que nosotros vayamos al encuentro de hermanos, nos brindaron su permanente agradecimiento, afecto y gratitud, en definitiva nos llenaron el corazón del Amor de Dios y eso tiene una sola respuesta… GRACIAS !!!!!!!

11040739_10206562904730983_503783085_nMi nombre es Brenda Rossi (@Rossi_Bren), tengo 18 años y pertenezco al grupo Adolescencia Misionera de la parroquia Nuestra Señora de Luján.

Me entere de la llegada de los seminaristas por el párroco de nuestra ciudad, quien nos contó de la misión  que estaban organizando y nos pidió/ofreció que cuando vengan los seminaristas,  tengamos actividades juntos, que conozcan nuestro grupo, que interactuemos con ellos. Siendo sincera, tenía una visión muy errada de lo que era un seminarista, me imaginaba personas serias y  con las cuales no iba a poder relacionarme mucho porque los imaginaba cerrados o poco simpáticos, no sé por qué motivo. Gracias a compartir esos días con ellos pude darme cuenta de que esto no era así, sino todo lo contrario y puedo decir que de esta misión me quedaron muchos amigos.

Con respecto a misionar casa por casa, fue una experiencia muy linda que ya había vivido cuando era mucho más chica, y de otra manera. En esta oportunidad, conocimos muchas historias, llevamos a la Virgencita y eso me hacía sentir que compartíamos, que demostrábamos lo que Dios nos amaba a nosotros con el resto que capaz no lo sentía o sabia del mismo modo que nosotros.

Aprendí muchísimas cosas a nivel personal. Por ejemplo, en una adoración me sentí mucho más cerquita de Dios y pude hablar con él de manera distinta, descubrí muchas historias de vida y cómo Él nos indica a cada uno cuál es su vocación.

En este 2015 empiezo una carrera universitaria y por esto me tengo que ir a vivir a Mar del Plata y tengo muchos miedos e inseguridades, pero gracias a estos momentos vividos en la misión, como las “lectios comunitarias” (oración con la Palabra de Dios) y charlas con muchos de los seminaristas, me di cuenta de que nunca voy a estar sola porque Jesús siempre está con nosotros no importa en dónde estemos.

Me encantaría seguir misionando de esta u otras maneras en mi grupo, aunque ya no voy a poder estar tanto tiempo en Pigüé, pero también a nivel personal. Por ultimo quiero decir que de esta linda experiencia me llevo las ganas de seguir viendo/escuchando lo que Dios nos dice día a día y estar siempre con Él.

11015327_10206562903050941_505023691_nHola, mi nombre es Pedro Rodríguez, tengo 15 años y soy de Pigüé. Afortunadamente me dieron la oportunidad de contar mi testimonio sobre algunas experiencias que dejaron marca en mí. Pertenezco a un grupo de jóvenes de la parroquia, llamado “Adolescencia Misionera”. Un grupo nos reunimos a reflexionar, rezamos, nos formamos como personas, ayudamos y descubrimos a Jesús. También participamos de la Acampada Juvenil y de otras actividades que realiza la parroquia.

Hace pocos días tuvimos la oportunidad de acompañar a un grupo de seminaristas de la arquidiócesis, que se forman en el seminario de Mercedes. Nosotros también quisimos tener esa experiencia de tocar puerta por puerta en el barrio. Con la Virgen en mano, nos hicimos presentes en las casas para compartir, con las personas que así lo quisieran, un momento en donde se pudieran descargar, en algunos casos, preguntar, rezar, contar de sus vidas o simplemente sentirse acompañados. Así fue como muchos de nosotros misionamos con ellos.

Durante dos semanas también nos juntábamos día a día todas las tardes para merendar juntos y nos fuimos conociendo con cada uno. Luego de esto, íbamos a compartir un momento de oración en la capilla con gente de la comunidad para luego salir a misionar. Cada día se generaba un clima tan agradable que, personalmente, me generaba ganas de volver. Luego de cada visita me quedaba realmente impresionado de la gente que me encontré. Gente que necesitaba contar su historia, ser escuchada, preguntar, pedir un consejo, etc. Me di cuenta de que mis sentimientos variaban todo el tiempo según la forma en que me hablaban las personas. Me hizo sentir muy bien el hecho de que, solamente estando ahí, a una persona le podía cambiar el gesto. Me conmovía, alegraba, tranquilizaba o sentía paz con cada mirada. En muchas ocasiones me quedaba reflexionando sobre varias cosas de la vida. No solamente podía ayudar a las personas , sino que muchos me ayudaron a mí con sus historias. El misionar me dejó en claro el amor de Dios. En conclusión, una muy linda experiencia de vida.

Además de salir a misionar, compartimos tardes con los chicos del barrio, realizando juego y actividades. Con el grupo también pudimos estar un día con los seminaristas en una  quinta, donde aclaramos muchas dudas y pasamos un muy buen momento. En su despedida, tuvimos una fiesta con la gente del barrio.

Luego de finalizar esas dos semanas, realizamos una convivencia con el grupo de adolescencia, donde compartimos, reflexionamos y cada uno expresó su testimonio de lo vivido. Nos dimos cuenta de que al misionar encendimos un fuego que debemos seguir manteniendo encendido en el barrio, y trataremos de extender también a otros lugares.

Finalizando, quiero agradecerle a Dios por hacerme partícipe de esto y mandarle un saludo a todos los seminaristas.

11005527_10206562902050916_1476753566_nHola, soy Catalina Piccolini (@Cata_Piccolini), tengo 15 años y pertenezco a Adolescencia Misionera de la Parroquia Nuestra Señora de Luján (Pigüé). Allí buscamos acercarnos a Jesús y compartir la vida como laicos jóvenes.

Hace poco nos enteramos de la misión de los seminaristas de la diócesis en nuestra ciudad y surgió la posibilidad de compartirla con ellos. La idea de misionar casa por casa estuvo buenísima, ya que fuimos conociendo distintas realidades y pensamientos. Tratábamos de llevar a Jesús a todos los lugares donde íbamos, acompañados de algunos seminaristas, que pusieron todo su empeño y apoyo para que nos sintiésemos cómodos y seguros. Esto funcionó bastante bien, porque, aunque no los conocíamos (apenas unos días atrás nos habíamos  presentado), llegamos a quererlos mucho. Ellos dejaron muchas enseñanzas de vida.

Me sorprendió que algunas personas, aunque no fueran a misa muy seguido, viven una relación con Jesús y tratan de vivir su fe en el compromiso por los demás. Esto me enseñó mucho.

Luego de esta misión vivida, me quedo con el entusiasmo por seguir caminando, y con ganas de siempre ir por más, como grupo y como persona. También me llevo el no querer perder nunca la capacidad de asombro y el saber que siempre tengo que confiar en Dios. Todo lo que Él hace es para algo.

1016474_10205283768317957_387339024591782092_nHola mi nombre es Adela. Participo en el Movimiento de Cursillos y el Apostolado de la Oración de la Parroquia Nuestra Señora de Luján. Mientras se acercaba la llegada de los seminaristas a la localidad y rezábamos por la Misión que se llevaría a cabo a partir del 15 de febrero, no estaba segura en qué ayudaría o participaría. Tenía ganas y tiempo para poder compartir una experiencia que, sabía, sería única. Aunque no había asistido a las reuniones previas de organización, estaba bastante informada, por medio de hermanos del movimiento que sí lo hicieron. En realidad, me inclinaba mucho en participar de la Misión propiamente dicha junto con los seminaristas y recorrer las calles de Pigüé desde otro punto de vista. Aunque uno, siendo habitante de Pigüé misiona y da testimonio de su fe de otra manera… En una oportunidad de mi vida había participado de una misión en otra ciudad, pero esta vez no sería lo mismo.

Después de lo vivido puedo decir que fue mucho mejor de lo que pensaba. La experiencia fue muy rica en: respeto mutuo, tolerancia por parte de aquellas personas que no pensaban lo mismo o no compartían la misma religión; alegría y felicidad por parte de las que se sumaban a las actividades, peregrinaciones, misas, adoración al Santísimo, festival, los abuelos en el hogar, los jóvenes/adolescentes motivados, proyectando… y ni hablar los más pequeños que se divertían muchísimo con los juegos que organizaban a la tarde en la plaza. También no faltaron esas charlas interminables entre mate y mate, en la casa de alguna familia que no estaba pasando por un buen momento y necesitaba consuelo, consejo y una cuota de esperanza para su vida. Todas experiencias bendecidas por Dios y la Virgen que de cada una nos dejaba una enseñanza para los que caminábamos al amparo y la protección Suya.

No todo fue color de rosa… mucha pena me daba cada vez que no se abría la puerta de una casa o decían “no, ahora no puedo”. Creo que nos queda un largo camino por recorrer, creo que esto es el comienzo, un despertar de una parte de este Pigüé que estaba dormido. Dios quizo llegar hasta aquí, por medio de ésta Misión y el instrumento que son los valiosísimos seminaristas de la Arquidiócesis de Bahía Blanca. Gracias a Él pude conocerlos. Son personas maravillosas, que con su frescura, alegría, entrega, respeto, paciencia, pulcridad, lograron renovar nuestra esperanza, nuestra fe, nuestro amor a Dios. Agradezco enormemente a Dios, a la Arquidiócesis, los seminaristas, a la comunidad de Pigüé que los acompañó (sirvió), a todos por abrir sus casas… a todos por abrir sus corazones!!!