A todos los docentes –educadores– con ocasión del “Día del maestro” y “Día del profesor” (11 y 17 de septiembre respectivamente)

Muy queridos maestros, maestras, profesores y profesoras:

Vaya un saludo especial con ocasión de la celebración del “Día del maestro” y del “Día del profesor”. La memoria del corazón no puede olvidar a quienes en el aula y, aún fuera de ella, nos han educado con palabras y gestos que nos abrieron inteligencia y corazón de muchas y diversas maneras a la realidad de las cosas, de los otros, de Dios.

Estas fechas nos ayudan efectivamente a “re – cordar” (volver a poner en el corazón) a quienes nos han ofrecido su vocación para que, en cierto modo, despertáramos a la nuestra.

Desde fines de 2015 y casi todo 2016 la Iglesia ha celebrado el “Año Santo extraordinario de la misericordia”. En esa ocasión hemos también recordado la importancia de las obras de misericordia corporales (dar de comer al hambriento; dar de beber al sediento; dar acogida al necesitado, al peregrino; vestir al desnudo; visitar al enfermo; visitar a los presos; sepultar a los muertos) y espirituales (enseñar al que no sabe; dar buen consejo al que lo necesita; corregir al que se equivoca; perdonar al que nos ofende; consolar al triste; sufrir con paciencia los defectos del prójimo y rezar a Dios por los vivos y por los difuntos).

Desde mi propia experiencia -que sigo comprobando hoy en día y no sólo en escuelas e instituciones educativas confesionales- podría decir que de muy diversos modos y estilos, en los maestros y profesores, se manifiestan expresiones y pinceladas singulares de esas obras de misericordia, de maneras ciertamente diversas ¡análogas! (es decir: sinfónicas, policromáticas o “poliédricas”, según una imagen muy presente en el magisterio del Papa Francisco). Sí, somos testigos de ello, “lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos es lo que les anunciamos…” (1 Juan 1, 1),

Los cristianos celebramos la Eucaristía –acción de gracias- como la más importante “convocación”. El domingo, “Día del Señor”, acudimos a Misa y hacemos memoria del perdón y la reconciliación; la escucha, la profesión o expresión pública de nuestra fe y la oración de intercesión; la ofrenda, el sacrificio y la gratitud; la llamada vocacional y el deseo de ser discípulos misioneros de aquel que llamamos nuestro Maestro por excelencia (Camino, Verdad y Vida).

Todas esas acciones las resumimos en gestos elocuentes de Jesús, Pan de Vida: Él TOMÓ el pan, lo BENDIJO, lo PARTIÓ y lo DIO. Él nos educa de esa manera, nos forma y modela de ese modo.

La vocación del maestro y del profesor expresa también esas acciones: todo docente es tomado, elegido, vocacionado ¡llamado! Es bendecido (confirmado) por quien tiene autoridad y competencia para eso, para brindarse a una tarea exigente que necesita de diversas competencias (título habilitante), conocimiento, capacidad; una tarea de veras, es decir verdadera, buena y bella como pocas. El educador es literalmente partido, roto, como el pan bueno (¿acaso no vive “rompiéndose” para bien de los demás y gastando su vida por los demás?). Finalmente –también como el pan que alimenta- el maestro, el profesor, es dado, esto es “entregado” al pueblo, a la comunidad, al alumnado, al discípulo. De ese modo cotidianamente ofrece alma y cuerpo en aras del bien común. Lo hace a través de la escucha, la palabra y el gesto oportuno. ¡Un verdadero darse!.

El contexto en el cual celebramos estas efemérides es difícil, arduo, complejo. Alguna vez los docentes fueron protegidos y respetados por todos, por tratarse de una vocación gozosa y preñada de autoridad y, por ello, de esperanza. Hoy también quienes educan sufren las tristezas y angustias propias de las presiones de las más diversas índoles, incluso violencia y maltrato…

Ante todo vaya la gratitud; a ello sigue la solidaridad… comprensión, admiración y –no puede faltar para abarcarlos a todos- la oración y bendición. ¡Feliz día del maestro! ¡Feliz día del profesor!

En Cristo Maestro y María Santísima Señora de la Merced, Madre y Maestra. Ambos inspiran la vida y misión de la Iglesia, también Madre y Maestra

Bahía Blanca, 11 de septiembre de 2017

+Fray Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP

Arzobispo de Bahía Blanca