Mensaje de la Comisión de Pastoral Social por el día del trabajador

Queridos amigos:

Celebrar el día del trabajador es afirmar que el trabajo es un bien fundamental que a nadie debe faltar, porque este bien implica cuidar a las familias para que ellas vivan dignamente. Las mujeres y los hombres nos nutrimos del trabajo, el trabajo nos da dignidad, porque el trabajo, asociado a un ingreso justo, nos permite el acceso adecuado no solo al techo y al pan, sino también  a los demás bienes que están destinados al uso común, en especial la educación y la salud.

Sin embargo, hoy el trabajo está en riesgo, como consecuencia de la inesperada pandemia en la que estamos sumergidos, y quizás como nunca antes, por la crisis económica preexistente. Grandes sectores de la economía formal están paralizados, con consecuencias futuras que ya se empiezan a percibir, de dificultades en el cobro de sus salarios o de disminución de sus ingresos.

Pero mucho más afectados están aquellos que transitan su vida en la economía informal, los que viven el día a día sin ningún tipo de garantías legales que los proteja, ni un salario estable para afrontar este momento. Los vendedores ambulantes, los artesanos, los feriantes, los pequeños agricultores, los albañiles, los que realizan distintas tareas de cuidado o de servicio, entre otros.

No obstante, como siempre sucede en las crisis, surgen personas que no se paralizan en el miedo o el lamento, ni se encierran en la falsa seguridad del refugio individual, sino que se arremangan y siguen trabajando por las familias, por sus barrios, por el bien común. ¡Son “los santos de la puerta de al lado”! Pensemos en la infinidad de campañas solidarias y comedores funcionando en nuestras barriadas más humildes, atendidos por sus vecinos y asistidos por voluntarios de todos los sectores sociales. Como dice nuestro Papa Francisco: “Quiero que sepan que nuestro Padre Celestial los mira, los valora, los reconoce y fortalece en su opción”.

Si algo hemos de aprender en este tiempo, es que nadie se salva solo, que estamos en la misma barca y debemos remarla juntos. Así, en este tiempo y como fruto de la Pascua, reverdece en nuestro tejido social impulsos incontenibles, que son la solidaridad y el sentido de comunidad, sostenidos por una fuerza que no defrauda y nos mantiene en pie: la esperanza.

Compartiendo con ustedes el pensamiento de Francisco, esperamos que esta circunstancia  “sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro. Que los gobiernos estén a la altura de nuestra sociedad y comprendan que los paradigmas tecnocráticos no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad. Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir.”

En el día del trabajador, nos unimos para mirar a san José Obrero, y pedirle a este carpintero justo y fiel a quien Dios eligió para que paternalmente custodiara e instruyera al mismo Hijo de Dios, que interceda por todos los trabajadores, en especial los desocupados y los que ven peligrar su fuente laboral. Y a Jesús, que se hizo trabajador en el taller de José y conoció el gozo y la dignidad del pan ganado con el trabajo, y la dicha que brota cuando ese pan se bendice y comparte, le pedimos que nos bendiga: que su Palabra nos guíe para construir la Patria fraterna donde nadie sobre, porque el pan, la Esperanza y el trabajo son para todos.

¡Feliz día del trabajador! Fraternalmente,

Comision de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Bahía Blanca, 1° De Mayo De 2020