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Bahía Blanca, 26 de octubre de 2018

“Después de esto, yo derramaré mi espíritu sobre todos los hombres: sus hijos y sus hijas profetizarán, sus ancianos tendrán sueños proféticos y sus jóvenes verán visiones”. (Joel 3, 1)

 El próximo domingo 28 de octubre, en muchas ciudades de nuestro país, se llevarán a cabo diversas movilizaciones para manifestar nuestro compromiso con la Educación Sexual Integral como la Iglesia lo viene haciendo desde el Concilio Vaticano II y que el Papa Francisco profundiza en Amoris Laetitia, enmarcándola en la Educación para el amor, como don mutuo de sí (cf. nn. 280 – 286).

El motivo de la movilización radica en que muchos pretenden eliminar de la Ley Educación Sexual Integral (Ley 26150) el derecho y protagonismo de la familia en la Educación Sexual de los hijos, y la libertad de las Instituciones Educativas a llevarla adelante según el contenido de su ideario.

Legislar es también gobernar. Gobernar, lo sabemos, es servir a cada uno, aprender a “mirar a lo alto” para hablar con Dios (a quien la Constitución Nacional invoca como fuente de toda razón y justicia) y no para jugar a ser dioses; gobernar también es “mirar abajo” solo para levantar a quien se ha caído.

A los sacerdotes, párrocos, y responsables de nuestras comunidades y centros educativos eclesiales, religiosos y religiosas, diáconos permanentes y laicos, los invito a unirse a estas iniciativas; a rezar juntos y explicar a nuestro pueblo fiel la importancia de la Educación Sexual Integral y el riesgo que corren nuestros niños y jóvenes de ser expuestos a una educación sexual banalizada y reducida a una propuesta de “sexo seguro” y de “salud reproductiva”, desvinculándola del sentido profundo del amor matrimonial, la generación de la vida, y la responsabilidad. Esta responsabilidad toma en la adolescencia y la juventud, la forma de la virginidad, como educación del afecto y del deseo y el cultivo de las virtudes que les permitirán formar una familia en el respeto, el amor mutuo y la apertura respetuosa y consciente a la vida.

Los jóvenes están abiertos a la profecía, tienen alas, actitud y capacidad de ser profetas, de mirar hacia adelante y al mismo tiempo reconocer, buscar las propias raíces, vínculos que los convierta en seres menos solos o desarraigados y más completos.

Que podamos en un gesto misionero expresar en familia nuestra fe en la presencia de Cristo en el matrimonio y la familia como Iglesia doméstica, de la misma manera como expresamos públicamente nuestra fe en la Eucaristía en la Procesión del Corpus Christi.

La Belleza del Misterio que nos abraza se manifieste también especialmente en la belleza de nuestras familias. Luchemos por la pureza de nuestros niños y jóvenes.

Fraternalmente en Cristo y Nuestra Madre, Señora de la Merced

+Fray Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP
Arzobispo de Bahía Blanca