A todos los docentes – educadores-
con ocasión del “Día del maestro” y “Día del profesor”
(11 y 17 de septiembre respectivamente)

Muy queridos maestros, maestras, profesores y profesoras ¡educadores!:

Deseo nuevamente enviarles un saludo especial en el contexto de estas fechas que celebran su vocación.

Permítanme recordar con ustedes y para ustedes algunas expresiones del Papa Francisco (cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium n. 31). Las palabras del Papa a las que me refiero, si bien hablan de la misión del obispo, quisiera aplicarlas hoy especialmente a la vida y misión de todos ustedes… En este sentido las “traduzco” directamente para contemplar y dar gracias a Dios por su misión de maestros y profesores desde la común expresión que los abraza a todos: “educadores”.

El educador siempre debe fomentar la comunión allí donde su misión lo lleva cada día; en este sentido anima a sus alumnos a tener un solo corazón y una sola alma sin caer en la tentación de ‘uniformarlos’, ‘formatearlos’ o ‘manipularlos’. Para eso, a veces estará delante indicando el camino y cuidando la esperanza de sus alumnos; otras veces estará simplemente en medio de ellos con su cercanía sencilla, paciente, misericordiosa; en ocasiones deberá caminar detrás de aquellos que la providencia ha puesto en sus manos y corazón para ayudar a todos, para que nadie quede rezagado y, sobre todo, porque los educandos mismos tienen su olfato para buscar caminos de verdad, bien, belleza.

Cada maestro, cada profesor (haciendo memoria de mi propia experiencia como alumno) con la autoridad que se le ha confiado, despliega en este sentido una triple misión ¡cuánto más cierto es eso en estos días tan plenos de desafíos!: enseñar (me refiero a la docencia misma); sanar (la vocación docente, todos lo reconocemos, es como un sacerdocio, ministerio de cercanía, medicina del espíritu); conducir en el sentido de servir (¡la cada vez más necesaria y delicada tarea de preparar los corazones de sus alumnos para el servicio al bien común!).

Si bien toda vocación y toda tarea verdaderamente humana conlleva de alguna u otra manera esa triple misión, la tarea docente de maestros y profesores la expresa luminosamente sin necesidad de mayores explicaciones. Ustedes, queridos educadores, «colaborancooperan» subsidiariamente de una manera única y especial con la insustituible misión de los padres y familia de los alumnos que la vida -repito- ha puesto providencialmente ante su mirada [No hace falta demasiada ciencia para comprender el sentido de estas palabras: Colaborar significa “laborar con ellos” / Cooperar significa “operar con ellos”].

Se han discutido y se seguirán discutiendo los tan diversos e importantes objetivos, contenidos y programas educativos. Ningún debate –especialmente si es sincero, abierto, transparente y sensato- puede dejar de lado este “situarse” como docentes frente a quienes les han sido confiados; estando en medio de ellos escuchándolos y sanando sus heridas, a veces muy profundas; caminando humildemente detrás de ellos… animándolos a servir en esta vida, buscando que nadie se pierda en el camino, respetando también la innata propensión a la verdad y al bien del alma humana que en nuestros jóvenes “pide rienda” apasionadamente buscando y contemplando la belleza de la vida… la vida de todos, la belleza de toda vida.

¡Feliz día del maestro! ¡Feliz día del profesor! Doy gracias a Dios por la autoridad que les ha sido concedida, porque toda autoridad viene de lo alto, y sirve para ‘aumentar’, ‘magnificar’, ‘hacer crecer’.

Los bendigo de corazón en Cristo, a quien reconocemos y llamamos Maestro. María Santísima Señora de la Merced, Madre y Maestra los cuide como a su Hijo. Ellos animan la vida y misión de la Iglesia, también Madre y Maestra

Bahía Blanca, 11 de septiembre de 2018

+ Fray Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP
Arzobispo de Bahía Blanca